Es una semana difícil. Una semana en la que todo “te altera la cabeza”: la gente positiva que sólo emana absurdas frases hechas para ocultar su fracaso, gente frustrada (de mierda) que sólo encuentra retorcida alegría en cagarle a otro, y la infaltable gente pelotuda que sigue a las dos anteriores.
Me encuentro con la cara agria y la falta de “eses” de una profesora diciéndome: “¿dónde está la coherencia de tu texto? ¿el sentido y la intención?. Pero no me gusta la mirada funcionalista del mundo y la función de informar de mi texto se pierde en la aceptabilidad de mi receptor (nadie) que seguramente tiene el mismo “mambito dando vueltas” que yo. Y mi intención no es más que alimentar el propio ego destruido, profesora, darle un “uso creativo”, si me entiende mejor. Ah, pero hay ideología, no se equivoque, ya no sé si la mía o de la clase dominante, pero de que la hay, la hay.
“La conciencia taxonómica de los axiomas que funcionan como mecanismos de defensa en el Ello, como parte del todo, y a la vez de la dialéctica subjetiva de las partes, la estructura y la intersubjetividad de los sujetos”, ¿ven como yo también puedo complicarlo todo?
“Tengo que dejar de comprar tantos libros”, pienso en un momento de raciocinio netamente pragmático mientras subo a mi pieza con tres libros más distintos que Marx y Durkheim. Inmediatamente me doy cuenta que no puedo, bebo el texto, absorbo el texto, vivo el texto.
Y además, no me disgusta la idea de encontrarme con más de 30 años viviendo sola en un departamentito forrado de libros y con una gata gris de compañera, ahora, la pregunta es: ¿seré así un réplica de mi escritor favorito o la ridícula copia del personaje idílico de Malena Pichot?
Me río para mis adentros (primera señal de locura), ¿la situación?: me encuentro con una amiga y su nuevo novio. Pienso: “esta es como Margaret Mead, una especialista en crear tríos amorosos en su trabajo”. Me río sola (y ella lo pasa por alto, segunda señal de locura). Me pregunta: “¿Y qué es de la vida de fulanito?” Inevitable que mi mente se pierda otra vez: “ese es como Don Jackson”, pienso, “hace su humildísimo aporte y luego desaparece brutalmente” y sin querer termino en voz alta JAJAJA, la risa es sólo mía de nuevo, obvio.

“La conciencia taxonómica de los axiomas que funcionan como mecanismos de defensa en el Ello, como parte del todo, y a la vez de la dialéctica subjetiva de las partes, la estructura y la intersubjetividad de los sujetos”, ¿ven como yo también puedo complicarlo todo?
“Tengo que dejar de comprar tantos libros”, pienso en un momento de raciocinio netamente pragmático mientras subo a mi pieza con tres libros más distintos que Marx y Durkheim. Inmediatamente me doy cuenta que no puedo, bebo el texto, absorbo el texto, vivo el texto.
Y además, no me disgusta la idea de encontrarme con más de 30 años viviendo sola en un departamentito forrado de libros y con una gata gris de compañera, ahora, la pregunta es: ¿seré así un réplica de mi escritor favorito o la ridícula copia del personaje idílico de Malena Pichot?
Me río para mis adentros (primera señal de locura), ¿la situación?: me encuentro con una amiga y su nuevo novio. Pienso: “esta es como Margaret Mead, una especialista en crear tríos amorosos en su trabajo”. Me río sola (y ella lo pasa por alto, segunda señal de locura). Me pregunta: “¿Y qué es de la vida de fulanito?” Inevitable que mi mente se pierda otra vez: “ese es como Don Jackson”, pienso, “hace su humildísimo aporte y luego desaparece brutalmente” y sin querer termino en voz alta JAJAJA, la risa es sólo mía de nuevo, obvio.

ALMUERZO DE UNA SEMANA DIFÍCIL
Es una de esas semanas en las que sin querer te encontrás leyendo Van Dijk mientras la tele sintoniza la edición de medianoche de Pare de Sufrir. Y lo peor, estás tan voleada que buscás la paz mental que se te cayó mientras dormías en el colectivo en un informe sobre “los elementos para hacer un hechizo de separación”.
Semana en la que tu sábado a la noche culmina en la conclusión de que nunca vas a entender el complejo sexual de Freud y, cuando volteas a la tele prendida desde las 5 de la tarde, ves que tu zapping eterno quedo fijo en una telenovela noventera de Volver.
Semana de desmayos en el colectivo, recreos orgásmicos, cenar bombones suizos. En la que el mimo más cariñoso para tu novio es “Siendo yo Freud vos sos el Fromm que me hace útil y entendible”, y le das un beso y a la cama, que a la madrugada te vas a levantar porque soñas que te llama para decirte que “ya es hora de rendir”. En la que miras la tele, la radio, la cartelera de cine, los libros, la Coca, y hasta en las pantuflas de tu mamá y en todos ves industria cultural y te remontas a los flojos tiempos de “el mp3 con ideología”.
Esos días en lo que te sentís tan inútil que te ves (de buena gana) dicendo en un almuerzo familiar: “Hola, yo traje esto de la mesa (una tapita de gaseosa y una cuchara)”. Y en seguida te vas a dormir, porque no hay nada más divertido que encuadrar tu culo a una silla y quedar calva de pestañas un domingo por la mañana.
Semana que culmina, por suerte, cuando viajas por la 3 de abril mirando la noche, y cuando por fin pareciera que encontraste la respuesta definitiva al Arkhé, te das cuenta que el remisero por poco pasa de largo el frente de tu casa y vos nunca le dijiste que parara. Y te bajas, y en la oscuridad de la noche, los chorros, los perros sarnosos y los dioses de turno, buscás la vocecita chillona que te diga: “¡Oh díos mío mataron a Kenny…!”,
Entonces vos podes gritar, tranquila, libre, con ganas:
“¡H ... ... A! ”
*Mezcla, en guaraní.
Semana en la que tu sábado a la noche culmina en la conclusión de que nunca vas a entender el complejo sexual de Freud y, cuando volteas a la tele prendida desde las 5 de la tarde, ves que tu zapping eterno quedo fijo en una telenovela noventera de Volver.
Semana de desmayos en el colectivo, recreos orgásmicos, cenar bombones suizos. En la que el mimo más cariñoso para tu novio es “Siendo yo Freud vos sos el Fromm que me hace útil y entendible”, y le das un beso y a la cama, que a la madrugada te vas a levantar porque soñas que te llama para decirte que “ya es hora de rendir”. En la que miras la tele, la radio, la cartelera de cine, los libros, la Coca, y hasta en las pantuflas de tu mamá y en todos ves industria cultural y te remontas a los flojos tiempos de “el mp3 con ideología”.
Esos días en lo que te sentís tan inútil que te ves (de buena gana) dicendo en un almuerzo familiar: “Hola, yo traje esto de la mesa (una tapita de gaseosa y una cuchara)”. Y en seguida te vas a dormir, porque no hay nada más divertido que encuadrar tu culo a una silla y quedar calva de pestañas un domingo por la mañana.
Semana que culmina, por suerte, cuando viajas por la 3 de abril mirando la noche, y cuando por fin pareciera que encontraste la respuesta definitiva al Arkhé, te das cuenta que el remisero por poco pasa de largo el frente de tu casa y vos nunca le dijiste que parara. Y te bajas, y en la oscuridad de la noche, los chorros, los perros sarnosos y los dioses de turno, buscás la vocecita chillona que te diga: “¡Oh díos mío mataron a Kenny…!”,
Entonces vos podes gritar, tranquila, libre, con ganas:
“¡H ... ... A! ”
*Mezcla, en guaraní.
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