miércoles, 23 de septiembre de 2009

Diálogo de café entre poetas un viernes por la noche

Fuentes oficiales: letra de canción de No quiero ser un poeta – Marea; letra de canción de La costa del silencio – Mago de Oz

Fuentes oficiosas: Su perfume y un sábado por la noche

Fuente extraoficial: la locura de los poetas


“O es blanco o negro, o sos o no sos”, me dijo éste amigo una vez.
“Contestame, ¿qué sos?”, continúo.
“Un gris difícil de encontrar”, le respondí y hasta el día de hoy no encuentro mejor respuesta.
“O blanco o negro”, insistió una vez más antes de darse por vencido.
“Todo depende del matiz”, bromeé (seriamente) parafraseando una canción.

Hoy me dice: ¿Qué pasó con tu carne de poeta?
Yo le respondo: “¿ves la canción que estoy escuchando? Bueno, ‘No quiero ser un poeta’, eso pasa”.
“¿Por qué?”, me dice poniendo cara de extrañado, “o… debería preguntarte, ¿por quién?”.
Sonrío, sé que me conoce, mejor dicho, sé que conoce al verdadero ‘poeta de contenedor’ que vive en mí. “Por ella…”, respondo, él sabe entender.
Añado antes de que me hable la frase insostenible, el estribillo que apoya mi situación:
“Mirala toda sonriente/ aunque le cante malamente/ porque con ella no/ no quiero ser un poeta”
Me conoce, sí, no acota mucho, sabe que éste es mi momento: “Ajahm, decime”, comienza no sin antes lanzar el ataque impulsor: “Deberías dejar de escuchar tantas bandas españolas… expresá tus propios deseos, si vos podes, tenés inspiración y vocabulario para hacerlo, vamos, hacelo”.
Es mi espacio ahora, pero no comienzo sin antes defenderme: “Sí, pero un poeta con liendres en las pestañas reconoce a otro perro como él por sus versos, porque tienen las mismas pulgas ¿sabes?”. No responde.
Ahora si, es mi turno de volar…
“Es que ella es una contradicción a los cánones que quiero para mi vida, para mi amor…”
“Cuando estamos juntos, no somos uno, somos muchos girando, saltando, tocando, rozando, riendo, llorando, gritando, todo a la vez, me pone nervioso saber todo lo que podemos ser.”
“Ella toma mi paz de las orejas y la arrastra por un barranco”.
“Y lo peor es que me duele… me duele perder con ella… pero más me duele perderme en su sonrisa y encontrarme luego solo, borracho, entre mis sábanas”.
“Pero me provoca alegría incluso cuando me odia, me grita, me regaña…”
“No se me para el corazón cuando la veo, al contrario, es el único momento en que lo escucho latir fuerte, lleno de júbilo…”

“Estás queriendo decir que no es la persona para vos…”, me corta tajante, se cree conocedor de la vida, de los desamores, de las mujeres demonios. Quizás sea cierto, pero mi inspiración se ha vuelto caprichosa (como ella). “Hagas lo que hagas, no te conviene, de ninguna manera, es mejor seguir así”, termina, me vuelve a dar el espacio. Lo conozco, y en el único momento en que se pone tan racional y pragmático es cuando está sinceramente preocupado. Quizá sí sepa de mujeres demonios… Continúo:

“Sí pero y mientras tanto qué hago con todas esas sensaciones… yo las atajo, no tengo drama, pero me conozco y sé que cuando estalle no me va importar ni Dios ni su última cena ni su reloj de arena.”
“Recuerdo un pasado amor (de esos que sí podía manipular a mi placer y capricho) al que le dije:’si voy a tirarme al precipicio (tal mi concepto de amar) al menos quiero asegurarme de que habrá alguien abajo para sostenerme’.”
¿Y sabes qué hace ella con mi seguridad, con mi trinchera? Las empuja a ese precipicio, y se queda ella con mi ser desnudo y temeroso en las alturas para luego decirme: ‘si querés te abrazo y nos tiramos juntos’, siempre impúdica, revoltosa, vital, como liebre convertida en Beltane.
“Pido a gritos confiar, bajar la guardia, pero con ella comparto ese anhelo y nos defendemos detrás de una capa, con un puñal a mano cada uno, queriendo besarnos.”
“Es como si tuviera el treceavo arcano pegado en el pecho y en la frente… no lo entiendo, y tengo miedo, no está en mis manos, no lo puedo controlar, tengo mucho miedo y admitirlo ya es consecuencia de mis bajas defensas, de que éste es el que soy y no quiero ser… ¿o no soy y quiero ser?”

Silencio… después de unos segundos, sugiere: “Quizás La Muerte esté invertida”. No sé si lo dice a mi favor o en mi contra, pero vuelve a volar, y eso es prueba de que ya se está convenciendo…

“Seguramente amigo mío”, le digo, “pero las cartas cambian según mis fuerzas, y mis fuerzas ya no resisten ese perfume que emana su tentación”.
“No me promete nada más que lamer los suelos un día feriado, amigo. Pero me lo vende como si fuera a posar para mí en una luna nueva”.
“Y a veces se parece tanto a un espejo alquímico, a veces creo ver como sale su alma por sus ojos, y cómo al rato se prende arrepentida de sus pestañas”
“Le creo, aunque me mienta, porque en lo que creo es en la simple verdad de creo en mí cuando estoy con ella”
“Y ahora estoy porque no quiero estar solo, pero muy dentro mío, sé que siempre he sido un lobo solitario. Y cuando tomo su mano, pequeña, suave, siento que repartiremos soledades, empapelaremos la tierra, ella con nombres sin memoria, yo con memorias sin nombre”
“Digo que busco el cálido brazo que me ayude a alejarme de su fuego hiriente. Pero miento, y aunque sé que me he ganado una parcela en el infierno, que he tirado rubíes, esmeraldas e hilos de oro a los cerdos, aún sigo mintiendo porque ésa es la única manera de mantenerla lejos. Miento porque es ese fuego hiriente lo que quiero. Porque es ese el único fuego que me ha demostrado con rasguños, cachetazos y besos que tengo sangre además de carne y hueso”.

Me interrumpe: “¡ese último lamento en verdad que fue poético, amigo, sí que sigues siendo poeta!”, se alegra y luego se mofa en clara venganza, “me da placer saber que TU mujer demonio sea tanta musa como la mía, en hora buena, que lo disfrutes y lo sufras igual que lo hice yo”.

Está dispuesto a cambiar de tema, lo sé, y me deja a mí desarticulado, con un retrato de ella grabado en mi retina. Pero recobró su locura el muy pillo, eso es bueno. Sabe que nunca coincidiremos y se burla de mí. ¿Lamento? ¿Musa? ¿Disfrutar? ¿Sufrir? Él sí que entiende rápido (…un poeta con liendres en las pestañas reconoce a otro perro como él por sus versos, porque tienen las mismas pulgas…)** Le respondo:

“Sí, pero con ella… no quiero ser un poeta”, sonríe y sonrío.

Y nunca estaremos de acuerdo.


**Y una comezón que no termina bajo el ombligo…

2 comentarios:

  1. NOOOOOOOO PRIMA... ME HACES QUEDAR MAL... X LO BIEN QUE ESCRIBIS... BUENISIMO SOS UNA GENIA... PARA LA PROXIMA, ESPERO UN FINAL FELIZ, Y....... CUANDO PUBLICAMOS UN LIBRO CONJUNTO???.... BESOS TE QUIERO.... ¿MAS DE LA CUENTA?... JAJAJA

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  2. este es un de tus escritos que más me gusta y creo que copie versos y los repeti en mi cabeza. INcito a que sigas. :)

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