jueves, 26 de noviembre de 2009

Memorias. VIII: Fuiste Capaz



Fuiste capaz {*}

Ayer por la noche lloré. Es extraño, había olvidado cómo se sentía llorar. Cuan inexplicable es ese dolor punzante en el pecho. Dicen que el llanto de tristeza sabe amargo. También dicen que el de amor sabe a sabiduría. Pero yo lloré de impotencia, y mis lágrimas sabían a libertad. No fue mucho, nunca es mucho (quizá esta vez no fue suficiente), fueron unas tres o cuatro gotas tal vez. Rodaban por mis mejillas ardientes, presurosas. Claro, me había sonrojado, con la natural vergüenza que siempre me dio llorar. Pero sé también que mis lágrimas estaban muy contentas de salir, esas cuatro gotas se deslizaban felices en forma de letras. Y es que eran su nombre, salían en su nombre, se secaban sobre la almohada en su nombre.
Y había un nudo en la garganta apunto de estallar, por supuesto, el nudo contenedor de emociones, emociones que clamaban ser sentimientos, sentimientos exentos del coraje tardío y desnutrido que guardaba.
Golpeé el colchón con todas mis fuerzas y luego pataleé como en berrinche de niña, no podía comprender, no quería comprender que haya sido capaz. Maldije ese momento en el que nuevamente me sentía débil y desnuda. Y agradecí a todos los dioses el haberme dado alguien por quien llorar. Por fin, había alguien por quien llorar.
Atravesada por la lágrima lanza {**}, moría en paz, a sabiendas de que en el alba resucitaría para recordar nuevamente la bendición de haber acariciado su piel.

Hoy me levanté y me sacudí el polvo que había dejado mi corazón al salirse de mi pecho. Abrí las ventanas para quemar mis lamentos con los rayos del Sol. Pero me encontré con que afuera diluviaba, la lluvia caía violenta sobre la tierra y le hacía enormes heridas por todos lados. La tierra gemía silenciosa, feliz de sentir los surcos que almibaraban su cuerpo. Me quede atónita, me veía allí afuera, se parecía tanto a mi noche anterior… recordé. Y recordar siempre fue la maldición en mi epitafio. Bajé mis ojos, me sentía culpable de mi propio asesinato. Era bueno que éste secreto permaneciera en mi habitación.

¿Allí se quedaría?


{*}
{**}: Hacen referencia al poema titulado "Por si acaso no vuelves":

Por si acaso no vuelves
te replico el desamor
y te refuto la insolencia
de creerte mía
te absorbo el carisma
y aplasto mi orgullo
sobre tu frente altiva

Fuego con fuego no arde
quema las encías y las resinas.
Agua con agua no disuelve
Ahoga hasta la última gota de perfidia.

Te reto a que me hagas
lo que nadie hizo
A ver si eres capaz
de sacarme una lágrima-lanza
Luego puedes irte, en calma,
comprendo la humildad de tu arrogancia
tu cruenta benignidad en alza.

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